ASSEMBLEIA DE DEUS. VIRGREN Y DANIEL BERG. HISTORIA
Assembleia de Deus. BRASIL.
VINGREN Y DANIEL BERG
Vingren, el misionero
Daniel Berg, también habría caminos allí donde el evangelio no se predicaba.
Daniel Berg
arrived in Belém, capital of Pará, on November 19, 1910, along with his friend
and fellow missionary Gunnar Vingren and started spreading Pentecostal with
proselytizing in Bethlehem Baptist Church in Brazil, studied Portuguese, was
employed as a boilermaker Company and smelter in Port of Para.
Un día Vingren escribió: “Hoy mientras comía banana con
harina, en casa del hermano Reinaldo, sentí el poder de Dios y mucha alegría en
el Espíritu Santo” Su plato de comida podía ser sencillo, pero aun así él
sentía el poder de Dios y la presencia del Espíritu Santo. El poder de Dios lo
sustentaba cuando él caminaba por los bosques para realizar cultos en las
aldeas distantes, un día él caminó catorce kilómetros hasta el lugar del
culto.”
11 de NOVIEMBRE DE 1918 NACEN LAS ASEMBLEIS DE DEUS, BRASIL
El año de 1918 fue un momento muy importante para la
continuidad del Movimiento Pentecostal en Brasil. La obra ya contaba con
algunos años, ahora llegaba el momento de registrar la iglesia para que tuviese
personería jurídica. Esto aconteció el 11 de enero de 1918, cuando la iglesia
fue oficialmente registrada con el nombre de “Asambleas de Dios”.
“Leí en una revista un artículo sobre las grandes
necesidades y sufrimientos de tribus nativas en el exterior, lo que me hizo
derramar muchas lágrimas. Subí a mi cuarto y allí le prometí a Dios
pertenecerle y ponerme a su disposición para el honor y la gloria de su nombre.
Oré también insistentemente para que Él me ayudase a cumplir esta promesa”. Vingren, Suecia
Nació en Ostra Husby, Suecia, el 8 de agosto del 1879.
Aunque era hijo de creyentes vivió licenciosamente hasta los 17 años, cuando
entonces se rindió a Cristo, y a los 18 fue bautizado en una iglesia Bautista.
En 1903, se fue a vivir a Norte América, y luego ingresó en
Chicago al Seminario Teológico Bautista, donde estudió cuatro años. Cuando se
diplomó, fue como pastor a la primera Iglesia Bautista de Menominee, Michigan.
“En esa época visité la Convención General de los Bautistas americanos, y
entonces fue resuelto que yo sería enviado como misionero a Assam, India, junto
a mi novia. Hasta ese tiempo yo estaba convencido de que esto era la voluntad
de Dios para mi vida – que yo fuese enviado como misionero por la The Northern Baptist Convention. Pero
durante la Convención, Dios me hizo sentir que no era esa su voluntad. Una
semana después de volver a mi iglesia, tuve una lucha interior tremenda, y
finalmente resolví no seguir ese camino.
Dios me llenó de una gran sed de recibir el bautismo con el Espíritu Santo
Escribí para la Convención y comuniqué lo que había
decidido. Por este motivo mi novia rompió conmigo, y cuando recibí su carta,
respondí: “Sea hecha la voluntad del Señor”… En el verano de 1909, Dios me
llenó de una gran sed de recibir el bautismo con el Espíritu Santo, y con
fuego. En noviembre del mismo año, pedí licencia en mi iglesia para visitar una
conferencia bautista que debía realizarse en la Primera Iglesia Bautista Sueca
en Chicago. Fui la Conferencia con el firme propósito de buscar el bautismo con
el Espíritu Santo. ¡Y, alabado sea Dios, después de cinco días de búsqueda, el
Señor Jesús me bautizó con el Espíritu Santo y con fuego!”
Después de esta experiencia se vio obligado a dejar el
pastorado en su iglesia, pues la mitad de la congregación estaba a favor de
esta experiencia “pentecostal” y la otra mitad se opuso. Comenzó a congregarse
entonces, en iglesias bautistas que aceptaban la continuidad de los dones. En
una de ellas, había una noche entera dedicada a la oración: “Durante esas
semanas de oración, sentíamos el poder de Dios venir sobre nosotros como una
presión, como un fuerte peso, de tal manera que muchas veces no conseguimos
sentarnos a la mesa para comer. Caíamos al suelo doblando las rodillas y en
alta voz alabamos el nombre del Señor. Estábamos tan llenos del gozo del Espíritu
Santo, que clamábamos con voz alta, cada uno donde estaba. Fueron días
maravillosos, de inmensa alegría en la presencia del Señor.” GUNAR
En una de esas reuniones un hermano profetizó que Gunner
iría de misionero a Pará, a un pueblo de gente pobre, donde debería comenzar a
enseñar los primeros rudimentos de la doctrina cristiana. También le dijo que
se casaría con una chica de apellido Strandberg (varios años después, él
conoció a una joven misionera llamada Frida Strandberg, quien fue su esposa y una
de las grandes pioneras pentecostales del Brasil). Ahora faltaba saber si
existía un lugar en la tierra llamado Pará, así que fueron a la biblioteca de
la ciudad e investigaron el asunto, hasta descubrir que en el Norte de Brasil,
había una ciudad con ese nombre.
El 19 de noviembre de
1910, Gunner Vingren y su amigo Daniel Berg llegaban en barco a Pará, Brasil.
El 19 de noviembre de 1910, Gunner Vingren y su amigo Daniel
Berg llegaban en barco a Pará. Cuando desembarcaron no había nadie
esperándolos, y ellos, solo tenían algunos dólares para las cosas básicas; así
que se sentaron en el banco de una plaza para orar, ya que no tenían dónde ir.
Finalmente personas que habían viajado con ellos en el barco y los vieron allí,
les contactaron con un pastor bautista, quien les alquiló dos camas en el
sótano de su casa. “No podíamos estar orgullosos de nuestra nueva vivienda. Era
un corredor bien oscuro en el sótano, el suelo de cemento grueso y sin ninguna
ventana. Allí colocaron dos camas para nosotros. En aquel calor tropical todo
era caluroso e insoportable. Principalmente en aquel sótano. Los mosquitos
zumbaban monótonamente, y las lagartijas corrían por las paredes hacia arriba y
hacia abajo. A pesar de todo, nos sentíamos entusiasmados y felices”.
Diario Personal de
Gunnar Vingren, es como leer la continuación del libro de los Hechos
A partir de ese momento, hermanos bautistas comienzan a
unírseles en grupos de oración, y predicaciones por las casas. Como él era
egresado del Seminario querían que oficiase de pastor, pero su visión era mucho
más amplia que el pastorado de una congregación. Leer el Diario Personal de
Gunnar Vingren, es como leer la continuación del libro de los Hechos,
sanidades, milagros, persecuciones, amenazas de muerte que le obligaban a huir
entre la selva, enfermedades, y una obra imparable que se extendió por todo el
Brasil. Este Diario de su vida fue publicado por su hijo, después de su muerte.
“Inmediatamente pasamos a realizar cultos públicos en varios
lugares, en las casas de esos hermanos donde los bautistas antes realizaban
cultos. Ya se habían cumplido seis meses que estábamos en Brasil. Jesús nos
había bendecido maravillosamente. Nosotros orábamos por los enfermos y ellos
eran sanados, testimoniábamos a pecadores y ellos recibían a Jesús como
Salvador.”
PRIMEROS BAUTISMOS A
MEDIA NOCHE. PARÁ, BRASIL
“Los primeros bautismos en Pará eran todos realizados en
secreto, generalmente a las 11 de la noche, pues no había ni siquiera templos
ni tanques bautismales. Un día tomaron coraje y anunciaron un bautismo público
a la orilla de un río. Esto dio tiempo para que los enemigos preparasen algo
para entorpecer la ceremonia. Cientos de hombres se acercaron al lugar del
bautismo, pensando que con violencia podrían impedir el acto sagrado. El líder
de ellos caminaba al frente cargando una cruz. Los pocos creyentes que estaban
reunidos comprendieron el peligro en aquel momento, y temieron que hubiera
derramamiento de sangre.
Vingren trató de leer la Biblia, pero fue impedido. Intentó
leer otra vez, pero el líder empuñó un cuchillo y se preparó para lanzarse
contra Vingren. Pero la hermana Celina se interpuso entonces entre ese católico
y el hermano Vingren, salvando la vida de éste. Otro católico, un hombre viejo,
gritó entonces: ¡Basta! ¡Dejen que se ellos hagan la ceremonia! Pero el líder
del grupo continuó firme en su propósito de impedir el bautismo.
Vingren dijo a los enemigos: “¡Yo sólo hago lo que Jesús
quiere!” Bajo las amenazas de los
enemigos, los candidatos comenzaron a cambiar su ropa y vestir las capas de
bautismo en unas pequeñas tiendas en la selva, y luego se fueron al río.
Mientras Vingren los bautizaba, los enemigos gritaban: ¡Miserables, comida de
tigres, maten al misionero! Cuando el bautismo fue concluido, los enemigos
pensaban que volveríamos a las tiendas a fin de cambiar de ropa, cuenta el
hermano Vingren, pero Dios puso en mi corazón no cambiar de ropa, sino volver a
la ciudad, mojados como estábamos. En seguida salí del agua, y, seguido de
cerca por los nuevos convertidos, pasamos por el medio de toda aquella multitud
de enemigos. Ellos se olvidaron de nosotros, quedaron boquiabiertos y nos
dejaron pasar. Así, el Señor nos dio su liberación. – Esto fue muy valiente de
su parte, le dije a Vingren. Él me respondió:
– ¿Valiente? Yo tenía el mandamiento de Cristo, tanto para predicar como
para bautizar. No tenía otra cosa que hacer. Yo no podía desobedecer a Dios,
aunque todos los hombres y todo el poder del Infierno viniesen contra mí para
impedirlo. Nosotros tenemos primero que obedecer a Dios, pues así nos enseña la
Biblia”
Por causa de ministrar bautismos en la selva, Gunnar Vingren
contrajo una fuerte fiebre
“Comencé a sentir un dolor terrible en las piernas, y
durante varios meses solo pude caminar despacio y con mucha dificultad… la
hinchazón subió hasta mi pecho de tal forma que me costaba respirar… me dio una
tos tan grande que casi me costaba estar en la cama… la fiebre era tan alta que
temblaba… Este cuadro continuó por cuatro semanas, aun así pude realizar
algunos cultos allí. Los enemigos de la obra nos perseguían mucho durante
aquellos días. Cierta noche apedrearon la casa donde estábamos reunidos… Otra
noche planearon matarme y quemar la casa. Una hermana vino a alertarme de lo
que estaban planeando. Una gran multitud se había reunido frente a la casa, la
hermana que había venido a avisarme me aconsejó que huyese, y eso fue lo que
hice. Salí corriendo por detrás de la casa, atravesé el patio y me interné en
la selva, donde me escondí. Me sentía tan débil que debía andar a gatas. Caminé
de esa manera dentro de la selva hasta encontrar una casa y allí me dormí. Los
enemigos habían traído perros de caza para olfatear mis rastros. Pero Dios no
permitió que ellos me hallaran. ¡Gloria a Jesús!…
BELÉN, CIUDAD DE BRASIL. CONTINÚA PENTECOSTÉS.
Al día siguiente
regresé por barco a Belén, y tuve que ir a la cama con una fiebre altísima.
Sentía como si me fuese a morir, estaba todo hinchado y no pude dormir por tres
días y tres noches. Los hermanos oraron mucho por mí, y el Señor oyó sus
oraciones y me sanó completamente… Gradualmente las fuerzas regresaron… Mi
sufrimiento duró de junio hasta noviembre. Yo ya estaba tan acostumbrado con la
dolencia que ella pasó a ser casi natural para mí. Pero el Señor me sanó, fue
un milagro, tanto para mí como para los demás.”
“La obra del Señor continuó, y su palabra continuó cada día
a ser confirmada con milagros y maravillas. Un hermano fue curado de una
enfermedad muy grave en una pierna, una hermana fue curada de una enfermedad
considerada incurable, en los labios. Otro hermano que sentía dolor de cabeza,
hacía ya diez años, fue sanado. Un hombre paralitico que estaba moribundo, y
que ya no podía hablar, fue sanado y pasó a participar de los cultos. Una niña
que estaba muriendo de tanta fiebre fue sanada. Un hombre muy anciano, que
sufría de hernia desde hace nueve años, también fue alcanzado por la sanidad…
Era también muy glorioso acompañar a los sonrientes y jubilosos nuevos
convertidos a las aguas del bautismo. Era maravilloso ver como el Espíritu Santo caía sobre estos creyentes,
y como ellos hablaban en otras lenguas, profetizaban y cantaban en el Espíritu
Santo. Con mucho coraje ellos comenzaban a testificar de Jesús y a alabar
su nombre… Cuando el Espíritu Santo es derramado en los corazones, se
manifiestan los dones y los frutos del Espíritu Santo. Entonces se oye júbilo y
alegría en la tienda de los justos”.
A pesar de que Gunnar Vingren era un pentecostal en todo
sentido, no toleraba ningún exceso y no tenía miedo de exponerlo públicamente:
“Después que todos habían orado comenzaron a saltar y a
danzar durante más o menos media hora. Después se pusieron de rodillas otra vez
y oraron. Yo los exhorté a que dejasen esa cosa de danzar, pues eso no está
escrito en el Nuevo Testamento, y era una tontería que ellos debían abandonar.
Al día siguiente ocurrieron las mismas cosas. Decían que eran dirigidos por el
Espíritu Santo, y uno de ellos era considerado profeta. Yo entonces hablé
seriamente con él, y le dije que no es por medio de profecías, de
interpretación y de lenguas que debemos ser dirigidos. Eso nos fue dado para
nuestra edificación, más la dirección verdadera y la instrucción necesaria
vienen de la Biblia, que es la
Palabra de Dios clara e infalible. Ellos entonces prometieron acabar con la
danza. Pero, actuaron de la misma forma el día siguiente, me engañaron y en
medio de la danza me mandaron afuera, entonces yo me fui.
REMANDO EN CANOAS… MOMENTOS MARAVILLOSOS TUVIMOS. CORAZONES DESBORDABAN
DE ALEGRÍA Y GOZO
El trabajo evangelístico de Vingren se extendía a todos los
rincones posibles: “¡Oh, qué momentos maravillosos tuvimos allí con aquellos
hermanos! Nosotros nos reuníamos en sus casas de paja, a la vera de los
diferentes ríos, y allí realizábamos cultos. Especialmente los sábados a la
tarde las personas venían de diferentes lugares remando en canoas. Muchos de
ellos remaban durante dos o tres horas para poder llegar. Comenzábamos los
cultos los sábados a la noche y continuábamos hasta el amanecer. ¡Cómo era
maravilloso reunirnos para cantar, orar, testificar y alabar al Señor, mientras
los corazones desbordaban de alegría y gozo! El pueblo de Dios se reunía con
toda sencillez, para alabar al señor, y el santo fuego del Espíritu caía y se
propagaba cada vez más entre los moradores de las márgenes de aquellos ríos.”
Mientras tanto el amigo de Vingren, el misionero Daniel
Berg, también habría caminos allí donde el evangelio no se predicaba.
“En otro lugar, llamado Guatipurá, junto a las vías del
tren, la obra de Dios comenzó de la siguiente manera: Un muchacho encontró en
la estación un ejemplar del Nuevo Testamento, lo llevó a su casa y comenzó a
leerlo con su familia. Cuando el hermano Daniel Berg, pasó un día por allí con
sus maletas repletas de porciones bíblicas, ellos dijeron:
“Este hombre es un evangelista, vamos a llamarlo para que venga a
nuestra casa”.
Así lo hicieron,
Daniel Berg les testificó, toda la familia se convirtió, y surgió allí una gran
iglesia”
“Después de algún tiempo surgió una gran persecución en
Guatipurá contra los creyentes. Ellos fueron golpeados hasta correr sangre, y
llevados a prisión… La obra continuó expandiéndose más y más en esa región y
surgieron muchas nuevas iglesias ¡aún bajo la persecución!… Fue siguiendo las
vías del tren, unos 400 kilómetros, que Daniel Berg recorrió a pie, cargando
sus maletas llenas de porciones bíblicas. Muchas veces sus pies quedaban tan
lastimados y callosos, que terminaba caminando descalzo. Sufriendo hambre y
necesidades de toda especie, él caminaba de puerta en puerta, evangelizando el
pueblo, distribuyendo Evangelios y porciones bíblicas.”
“El siervo del Señor tiene que luchar mucho contra toda la
mentira y toda la superstición que el pueblo aprendió desde niño, de los
sacerdotes católicos… “La Biblia solo puede ser comprendida por los sacerdotes
y no debe ser leída por el pueblo”… “Si alguien lee la Biblia protestante, solo
por eso irá al infierno”… Esto es lo que los sacerdotes enseñan al pueblo, y
nosotros tenemos que luchar contra esos prejuicios, contra la idolatría, la
prostitución, la profunda ignorancia, y también contra el espiritismo.
Más allá de esto,
somos atacados de fiebres tremendas, y tenemos que soportar un clima caliente y
severo, que en pocos años deja el cuerpo completamente agotado. Solo con la
gracia de Dios, es que los misioneros podemos soportar todo esto. Tenemos que
pasar también por privaciones de todo tipo, pues el alimento es muy básico e
insuficiente, y muchas veces está contaminado, envenenado o estropeado, y
perjudica al cuerpo que después queda lleno de heridas y llagas.





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